¿MMF?

LOS NUEVOS AÑOS 20

Un día te sientas a intentar definir cómo eres, e inevitablemente te asaltan las dudas. Lógico, es un hábito anómalo, y tu entrenamiento, en este mundo de vivir 80 años como si fueran una carrera de los 100 metros-vallas, escaso. Las ideas no fluyen, maldita sea. Hasta que un buen día te das cuenta de que tal vez sólo tienes que repasar tus actos, y tendrás una buena aproximación a lo que eres, te guste o no, y desde ahí resituarte para seguir avanzando. Simple, sencillo, como le gustaría a Guillermo de Ockham. Monopol Music Festival nació en los cines más rock and roll de todos los tiempos, los cines Monopol. Celebramos conciertos en las salas de cine, convertimos los pasillos del hall en una pista de baile (con Delafé haciendo de dj improvisado, al fin este año tocará en el MMF) y programamos documentales y artistas que adorábamos. Apenas teníamos 5.000 euros para todo. Y desde ahí siempre hemos privilegiado la creatividad, la emergencia artística por encima del brillo de las estrellas musicales consolidadas, fuera por otro lado de nuestro alcance como festival. Quisimos ser un festival minoritario donde las mayorías estuvieran siempre invitadas, y estábamos apegados a una pequeña obsesión melómana: dar visibilidad y luz a lo que considerábamos joyas enterradas, un viva la diferencia que hoy, en 2019 es claramente nuestro norte de navegación. Porque el sudor del descubrimiento es lo que nos mantiene despiertos en la mañana de nuestro tiempo.

Hoy la música va a ser más necesaria que nunca para todos, especialmente para la generación post-millenial, que tímidamente esboza una intención de recuperar cierto compromiso social y humanístico que lentamente muere, falto de riego sanguíneo en la no-frontera cultural y en el gran bostezo que hoy provoca la búsqueda de la verdad como ideal. Como dicen los demoledores MUCHO, «el enemigo vive ahora en todos nosotros”. Las décadas gloriosas musicales y sus estrellas han muerto, como podremos ver en el “Whitney” del oscarizado Kevin Mcdonald. Es la nueva música urbana la que crea fenómenos cada pocos meses, el nuevo estilo es el no-estilo, y palos como el jazz, el trap, el flamenco o el latin pueden estar a la vuelta de compás de cualquier canción pop. Ha llegado el momento de abrirse las orejas, sí, pero la música no ha perdido el poder de poner a trabajar almas en equipo para excavar y escalar. Para volar y sumergir conciencias. Un desfibrilador social que Nacho Vegas conoce muy bien tras 8 álbumes en solitario tendiendo y derribando puentes a la ternura y la barbarie, y que tras 14 años de su última visita, trae a nuestra ciudad un concierto que podría ser histórico. Junto con Enric Montefusco, el maestro Standstill errante, son un noble ejemplo de compromiso con la música y el mensaje. Y aquí es a donde quizá quería llegar, observando la relación de este pequeño festival con su entorno, con su gente. El compromiso.

Estamos comprometidos, no sólo con esta ciudad como el espacio cultural que nos moldea y moldeamos, sino a su vez con cada portador de un mensaje de compromiso y belleza: el artista, el escritor, el agitador. Nos comprometemos al riesgo, a lo que trata de surgir desde el exterior (luminosos EUT, desde Amsterdam), o del interior de nuestra escena local (Zurda, Lajalada o Ant Cosmos), como con los productores musicales que transgredieron (Conny Plank), como los que luchan con su voz contra el peor extremismo (The Will Have To Kill Us First). Y cuando el festival concluye cada año y cerramos esta puerta, los que aquí trabajamos en él nos cambiamos de esquina del ring y seguimos intentando esencialmente lo mismo, desde proyectos todos bastante románticos y poco sensatos.

Lo que hoy presentamos en nuestra 6ª edición del MMF, de nuevo de la mano del Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria, es nuestro compromiso cultural con no parar de detenernos, con no parar de empezar. Ya son los nuevos años 20.

Víctor Ordoñez
Director del MMF